Aníbal Vallejo Rendón
EL MUNDO, 10 de abril de 2011
La idea de que no debemos tratar a los animales que utilizamos como posesiones inanimadas sino que los debemos proteger de aquellos actos que podrían causarles sufrimiento, es muy antigua y se ha ido ampliando cada vez más. Como la influencia española en el trato hacia los animales ha sido muy marcada en nuestra cultura viene al caso anotar por qué España no está interesada en la protección animal.
Martín R. Gamero, primer representante de España en la labor del Consejo de Europa sobre el bienestar animal, presenta un estudio al respecto en el libro Bienestar Animal (Editorial Acribia, S.A.) donde anota las razones de dicha actitud. De ellas extractamos. Es un país tradicionalmente católico apenas influenciado por la reforma protestante, donde hay que buscar las raíces de los movimientos proteccionistas; es más, fue un líder de la contrarreforma. Durante cuatro siglos el país estuvo aislado, o en continuas guerras, con la mayoría de los países europeos y volcado en sus extensos territorios americanos. Cuando pierde sus últimas colonias se repliega sobre sí mismo y no participa en ninguna de las dos guerras mundiales. Entre las consecuencias negativas de este aislamiento es que casi nadie hablaba idiomas extranjeros, la sociedad estaba muy cerrada a influencias extranjeras, y casi nadie sabía qué era eso de la protección animal. En la segunda mitad del siglo XX soportó una larga dictadura que en nada favoreció la protección animal. Los españoles ven a algunos países como paladines de la protección animal pero, con razón o sin ella aprecian una contradicción entre el amor por los animales y su comportamiento ético e histórico en otros campos. Una de las diversiones clásicas de España son espectáculos con animales en los que casi siempre se les inflige un sufrimiento. No solamente se emplean toros en las más diversas formas sino otros muchos animales, como caballos, patos, gallos, cabras o pavos. Hasta fechas relativamente recientes España ha sido un país pobre, subdesarrollado y con un alto nivel de analfabetismo. Éste es el ambiente menos propicio para hablar de protección animal.
Ningún partido político (salvo recientemente uno minoritario) lleva en sus programas el tema de la protección animal. Nunca fue aprobada una Ley nacional de protección animal.
Pero algo está cambiando en los últimos años sobre todo desde el ingreso a la Unión Europea. Aunque sigue presentando numerosas zonas oscuras la protección animal empieza a abrirse un hueco en la mentalidad del ciudadano español medio. Según el segmento de la sociedad que analicemos hay mayor concienciación en los jóvenes que en los adultos, en el medio urbano que en el rural, en las personas cultas que las de menor nivel cultural, en las regiones del norte que en las del sur.
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